Cálix marca distancia de Asfura en batalla por la ENEE

Tegucigalpa, Honduras | DiarioHouse.Com – Jorge Cálix decidió llevar el enfrentamiento por la ENEE directamente hasta la cancha de Casa Presidencial, donde Nasry Asfura tendrá que defender mucho más que una propuesta de reforma eléctrica. Después del rechazo presidencial al planteamiento liberal, Cálix respondió que tampoco existe obligación de respaldar el proyecto enviado por el Ejecutivo.

El jefe de bancada puso un límite político claro: los votos liberales no serán entregados bajo presión ni convertidos en simple trámite para el Gobierno. El choque abre una prueba incómoda para la administración Asfura: demostrar que su reforma beneficia primero al ciudadano, no a quienes históricamente han hecho negocios alrededor del sector eléctrico.

Cálix cuestiona que la iniciativa gubernamental proteja con suficiente claridad el carácter estatal de la Empresa Nacional de Energía Eléctrica, mientras defiende una contrapropuesta liberal que busca mantenerla completamente bajo propiedad pública.

Ese contraste debería obligar a Casa Presidencial a despejar cualquier zona gris, porque cuando se trata del patrimonio eléctrico nacional no puede existir espacio para fórmulas ambiguas. Si el Gobierno no pretende privatizar la ENEE, debería estar dispuesto a respaldar los candados jurídicos más estrictos para impedir que futuras decisiones puedan fragmentarla, transferirla o colocar sus activos fuera del control del Estado. El país necesita garantías legales, no actos de fe en las intenciones de quienes hoy ocupan el poder.

La segunda carga explosiva lanzada por Cálix apunta hacia las compras directas de energía, posiblemente el tema que más presión puede generar sobre el Ejecutivo. El liberal reclama licitaciones públicas, competencia abierta y subastas inversas para que los proveedores peleen por ofrecer el precio más bajo, en lugar de dejar al Estado negociando bajo esquemas que despiertan cuestionamientos.

Su señalamiento obliga a Casa Presidencial a explicar qué piensa hacer con cada mecanismo de contratación que permita comprar electricidad sin una competencia suficientemente amplia. Una verdadera reforma no debe proteger contratos; debe proteger el dinero público.

Las cifras utilizadas por Cálix vuelven todavía más incómodo el escenario: habló de adquisiciones hasta por 43 centavos de dólar por kilovatio hora, frente a tarifas de venta cercanas a 25 centavos para hogares o 13 centavos para grandes consumidores.

El legislador concluye que esa diferencia ayuda a explicar por qué las finanzas de la estatal permanecen bajo presión e insiste en que el problema no puede reducirse únicamente a los subsidios. Además, comparó el escenario hondureño con procesos en Guatemala donde, según expuso, se habrían conseguido precios cercanos a siete centavos mediante licitación. Casa Presidencial tiene ahora una tarea inevitable: poner sus propios números sobre la mesa y demostrar que Honduras está comprando energía bajo condiciones competitivas.

Cálix fue todavía más frontal cuando advirtió que si la intención es continuar haciendo compras directas, el Ejecutivo no debe contar con el Partido Liberal. La frase convirtió la reforma eléctrica en una batalla donde cada voto tendrá un costo político, especialmente si el Gobierno intenta presentar cualquier desacuerdo como simple obstrucción.

Quien propone cambiar una empresa tan golpeada como la ENEE debe aceptar preguntas incómodas sobre precios, contratos, intermediarios, beneficiarios, pérdidas y resultados esperados. El problema de Casa Presidencial no debería ser que Cálix cuestione; el verdadero problema sería no tener respuestas convincentes para esos cuestionamientos.

La prueba final no será quién habló más fuerte ni quién logró disciplinar más diputados dentro del Congreso Nacional. Honduras necesita una reforma capaz de abaratar compras, reducir pérdidas, castigar el robo de electricidad, abrir las contrataciones, profesionalizar la ENEE y cerrar cualquier puerta futura a su privatización.

Si el proyecto gubernamental puede garantizarlo mejor, Casa Presidencial debe demostrarlo artículo por artículo, contrato por contrato y cifra por cifra. Porque después del choque entre Cálix y Asfura quedará una pregunta que ningún discurso presidencial podrá apagar: ¿quién ha ganado con la energía cara en Honduras mientras el ciudadano continúa pagando la cuenta?. —Redacción Hansell O.

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