Las condiciones más cálidas asociadas al fenómeno de El Niño obligan a los costarricenses a prestar mayor atención a la manera en que compran, almacenan, manipulan y descongelan sus alimentos, ante el incremento del riesgo de deterioro y de enfermedades transmitidas por productos contaminados.
La advertencia fue realizada por Edgar Gutiérrez Font, tutor de Microbiología de Alimentos de la Universidad Estatal a Distancia (UNED), quien señaló que las temperaturas elevadas pueden acelerar tanto la reproducción de microorganismos como los procesos químicos y naturales que afectan la calidad de los productos.
El llamado adquiere particular importancia en momentos en que Costa Rica atraviesa condiciones influenciadas por El Niño. El Instituto Meteorológico Nacional (IMN) mantiene para septiembre un escenario deficitario de precipitaciones en sectores del Pacífico, Valle Central y Zona Norte Occidental, relacionado con la presencia del fenómeno y otras condiciones atmosféricas que limitan las lluvias.
Aunque Costa Rica es un país tropical acostumbrado a temperaturas relativamente altas, Gutiérrez explicó que un incremento adicional del calor puede modificar de manera considerable el tiempo durante el cual un alimento permanece en condiciones adecuadas para ser consumido.
“Las condiciones más calurosas definitivamente pueden repercutir en la manipulación y la conservación de los alimentos y en los riesgos de exponernos a distintas enfermedades causadas por el deterioro de estos”, explicó el especialista.
De acuerdo con la información divulgada por la UNED, las proyecciones climáticas contemplaban para el segundo semestre de 2026 una reducción de las precipitaciones de entre 10% y 30%, acompañada por temperaturas entre 0,5 °C y 1 °C por encima de los valores habituales.
El impacto no se limita a la conservación de alimentos. Una reducción de las lluvias puede ejercer presión sobre las reservas de agua, afectar la productividad agrícola, disminuir la disponibilidad de pasturas para el ganado y eventualmente generar repercusiones sobre los precios de determinados productos básicos.
Sin embargo, una vez que esos alimentos llegan a supermercados, comercios y hogares, comienza otro desafío: mantenerlos dentro de temperaturas que reduzcan el crecimiento de microorganismos.
Cerca de los 30 °C aumenta el riesgo
Gutiérrez indicó que los alimentos ubicados entre 5 °C y 65 °C permanecen dentro de una franja térmica considerada riesgosa desde el punto de vista microbiológico.
La situación se vuelve especialmente relevante cuando la temperatura ambiente se acerca a los 30 °C.
“Cuando nos acercamos a los 30 grados Celsius, la velocidad de reproducción, el deterioro químico y la maduración de los distintos alimentos ocurren mucho más rápido. Esto provoca que la vida útil sea inferior y que existan mayores riesgos”, detalló.
Entre los productos que necesitan mayor vigilancia se encuentran aquellos frescos o con elevado contenido de humedad, incluidos pollo, carne de res, carne de cerdo y determinados vegetales que requieren refrigeración.
No obstante, el especialista enfatizó que los cuidados no deben concentrarse exclusivamente en lo que normalmente se guarda dentro de una refrigeradora.
Productos como huevos, frutas y vegetales que pueden mantenerse a temperatura ambiente también podrían deteriorarse con mayor rapidez bajo condiciones de calor intenso.
Por esta razón, una de las principales recomendaciones consiste en evitar comprar cantidades de alimentos frescos que excedan significativamente las necesidades inmediatas del hogar.
“Se recomienda que cuando compremos sea básicamente para el tiempo de consumo que estamos estipulando. Si compramos gran cantidad de un alimento fresco y lo queremos guardar, es importante porcionarlo para cada vez que lo vayamos a utilizar”, señaló Gutiérrez.
La medida permite sacar del refrigerador o congelador únicamente la porción requerida para preparar una comida y evita exponer repetidamente el resto del producto a cambios de temperatura.
La contaminación cruzada también preocupa
Otro de los riesgos señalados por el académico es la contaminación cruzada, que ocurre cuando microorganismos presentes en alimentos crudos llegan a productos cocinados o listos para consumir.
Dentro de la refrigeradora, por ejemplo, productos como pollo crudo o carne molida deberían permanecer separados de ensaladas, alimentos preparados y otros productos que no serán sometidos nuevamente a cocción.
“Si vamos a tener un pollo crudo, una carne molida o algún otro producto que desprende agua, es importante tenerlo dentro de un contenedor para que esa agua del producto crudo no se vierta en toda la unidad de refrigeración”, recomendó el especialista.
Para los alimentos que ya fueron preparados, la recomendación es mantenerlos en recipientes apropiados, protegidos y debidamente identificados.
Anotar qué alimento contiene cada recipiente y la fecha en que fue preparado también facilita una correcta rotación de las comidas almacenadas y disminuye el riesgo de consumir productos que hayan permanecido demasiado tiempo refrigerados.
Descongelar sobre la mesa puede elevar el peligro
Otra práctica común que podría representar un mayor riesgo durante periodos de altas temperaturas es dejar carnes u otros alimentos descongelándose a temperatura ambiente.
Gutiérrez recomendó trasladar los productos del congelador directamente a la sección de refrigeración y permitir que el descongelamiento ocurra lentamente bajo condiciones controladas.
“Si vamos a descongelar alimentos que tenemos en el congelador, es importante hacerlo en refrigeración, ya que, si lo hacemos a temperatura ambiente y con las temperaturas elevadas que podemos llegar a presentar, el producto va a ser mucho más susceptible al deterioro”, explicó.
El especialista recordó que una manipulación inadecuada puede terminar produciendo enfermedades transmitidas por alimentos, especialmente si las bacterias encuentran condiciones favorables para reproducirse antes de que el producto sea cocinado o consumido.
Ante el escenario climático, la UNED resumió las principales recomendaciones en acciones sencillas: planificar las compras, conservar adecuadamente la cadena de frío, separar productos crudos y cocidos, almacenar correctamente las comidas preparadas, rotar los alimentos y descongelarlos dentro del refrigerador.
El escenario climático actual refuerza la relevancia de esas medidas. Para la semana del 7 al 13 de septiembre de 2026, el IMN prevé condiciones particularmente secas en amplios sectores del Pacífico y déficits de precipitación que podrían extenderse durante septiembre, en un contexto marcado por El Niño. Con información de Infobae